lunes, 18 de mayo de 2015

Flores marchitas

Proyecto de Adictos a la escritura "Desarrollando el micro"
Autor: Bess
http://mil-noches-sin-luna.blogspot.com.es/2015/04/microrrelato-flores-marchitas.html

Flores Marchitas
   El reloj de la entrada marcó el comienzo de la medianoche. Un escalofrió recorrió su columna vertebral y le hizo estremecer sacudiendo el ramo de flores marchitas que aferraba en su mano derecha. A partir de aquel momento comenzaba lo que más anhelaba, lo que más temía. Lo deseaba tanto que dolía. Le daba tanto miedo hacerse ilusiones infundadas y que todo resultase vacuo, que su corazón tartamudeó.
  El campanario tronó confirmando el comienzo de la hora bruja. A su puerta llegó el sonido de pasos como pezuñas rascando el linóleo. Ella no era Cenicienta, tampoco su Bestia tenia corazón. Y ahora se acercaba de forma irremediable. Se persignó. Había sido una locura aceptar el trato pero ahora que había llegado la fecha fijada no había vuelta atrás. El pomo comenzó a girar. Su vida estaba en manos del destino. Pero eso no significaba que no lucharía para defenderla.


Flores marchitas
   El reloj de la entrada marcó el comienzo de la medianoche. Un escalofrió recorrió su columna vertebral y le hizo estremecer sacudiendo el ramo de flores marchitas que aferraba en su mano derecha. A partir de aquel momento comenzaba lo que más anhelaba, lo que más temía. Lo deseaba tanto que dolía. Le daba tanto miedo hacerse ilusiones infundadas y que todo resultase vacuo, que su corazón tartamudeó.
   El campanario tronó confirmando el comienzo de la hora bruja. A su puerta llegó el sonido de pasos como pezuñas rascando el linóleo. Ella no era Cenicienta, tampoco su Bestia tenia corazón. Y ahora se acercaba de forma irremediable. Se persignó. Había sido una locura aceptar el trato pero ahora que había llegado la fecha fijada no había vuelta atrás. El pomo comenzó a girar. Su vida estaba en manos del destino. Pero eso no significaba que no lucharía para defenderla.
   Se persignó una vez más, mientras la puerta se abría. Quedo abierta, al menos no se oyó cerrar.  Los pasos avanzaban  detrás de ella, se dirigían hacia el altar, donde se iban a encontrar.
 La fijeza de su mirada, impedía girar su cabeza hacia atrás. Recordó rápidamente las palabras de una anciana "Cuando estés sola, nunca  mires para atrás".
Se dejó llevar por una confianza interna que renacía junto al temor, ahí se quedó inmóvil  a modo de estatua con la mirada dura hacia delante, aunque el miedo  irresistible recorría sus venas y alteraba el latido de su corazón.

  Un zumbido sin intermitencias ascendía  en forma lenta, pero acrecentándose  cada vez más.
Observó que desde el ambón cae un libro, que se despluma en el aire como la  muerte de un ave, de manera fugaz.
   La intensidad del frió,  que sintió al entrar, hacia crujir los ventanales y las luces iban disminuyendo, siendo las velas de liturgia encendidas su único consuelo en este decisivo momento.
   Un vano consuelo, que no impediría el ocaso de aquella rivalidad que por el resto de su vida preferiría no recordar. Ya lo habían confirmado, no había vuelta atrás.
Se interponían ideas en una burbuja casi real,  pensaba en los motivos que la arrojaron a esta  salida, en proyecciones del pasado que mantenían sus ojos vendados, haciendo de ella un ser
con debilidades significativas, imposibles de esquivar, ni mucho menos olvidar.
   Las flores marchitas, que sacó de la tumba de su padre, caen como toneladas de piedras que ya no pudo sostener.. Y más aun, cuando oye un ronquido emitido de la respiración. Esta detrás, sus ganas de gritar invaden sus impulsos. Pero se da vuelta.

   Tenía la extraña ilusión de que este encuentro seria un ensueño, pero no, hoy estaba pactado.
   Allí estaba con su vestido blanco, su cabello recogido, sus guantes de seda; tal  como la recordaba.
 Su expresión de asombro supero sus expectativas. Estaba sola.
   Esperaba encontrar a su padre con su cabeza llena de  sangre y los vidrios enterrados. Aun lo creía culpable de haberle arruinado la vida.
   En fin, el padre ya estaba muerto, ahora venía a buscarla para  arrebatarla de aquella dulce nostalgia que  vivía en su lecho nupcial, de manera quimérica.
 Por un momento deseaba una  huida repentina, pero la mayoría de las veces encontraba el encierro como su mayor refugio.
   Experimentó genuinos sentimientos enfrascados en la cobardía, hoy nada la detenía.
Solo quería despedirse de lo que fué alguna vez, de aquella muchacha que en una noche de  bodas, en manos de la embriaguez, rompe botellas en la cabeza de un hombre que la perseguía para matarla. Sabía lo que estaba ocurriendo, pero de forma casi impuesta lleva a cabo el crimen.
    Quizás de forma casual o más bien causal.


   Extraña ambigüedad que surgía de la  necesidad de saltar un abismo,  para recuperar aquello que perdió, aquello que sin intenciones abandonó y en las penumbras más reales se proponía rescatar.  

   En realidad, luchaba para  defenderse y llevarse consigo aquella novia superflua, que después de lo ocurrido carecía de existencia.
   Fue el preciso instante en que la camisa de fuerza se apodera de ella, dejándola vulnerable para el regreso. Entre forcejeos y gritos, se logra oír  que había venido a defenderse de la persecución que día tras día abatía sus miedos y había decidido terminar con ello, quedando así; sola en un mundo que desde la fecha de su boda construyó.


2 comentarios:

  1. Has seguido muy bien el estilo con el que se iniciaba.

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola! Ten cuidado con los tiempos verbales, los mezclas bastante perdiendo el estilo que daba pie, ahora presente, ahora pasado... Sobre el texto en general, decir que perdí el hilo una o dos veces, por lo rimbombante de la construcción de frases. Desecha adjetivos y ten cuidado con personalizarlos "miedo irresistible" no tiene mucho sentido... ;) Espero haberte ayudado y que sigas mejorando. Un saludo.

    ResponderEliminar